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Lo tenía ya colgado en un foro, pero lo pongo ahora como Blog, es un artículo de hace un mes en "El País":
En Marcha (Millás )
¿No ha tenido usted nunca la sensación de haber sido expulsado de su vida como cuando nos apeamos accidentalmente del autobús en la parada que no es? El autobús o la vida siguen su marcha, alejándose de nosotros, que los perdemos de vista cuando doblan la esquina. Continúan existiendo, pero en una dimensión lejana, en la que atraviesan calles o plazas que quedan fuera ya de nuestro alcance. ¿Y nosotros? ¿Qué hacer cuando uno se queda fuera de su propia vida?
Hay quien se atiborra de ansiolíticos o somníferos. Hay quien se entrega al alcohol. Hay quien se dedica a hacer dinero... Todo ello para acostarse zombi, levantarse zombi y pasar el día zombi. De ese modo, no echas tanto de menos la vida de la que has sido expulsado (o de la que te has caído, o que has abandonado en un movimiento entre voluntario y no).
Muchos, en un intento de recuperar esa vida, leen los libros o revisan el cine o retoman los hábitos que recuerdan ligados a ella. Pero lo cierto es que, fuera de la propia existencia, todos esos placeres carecen de emoción. Se le caen a uno de la mano las mejores novelas, abandona a medias las películas en otro tiempo más estimulantes, le resultan opacos los paisajes que le hicieron llorar.
Los hay que se resignan, aceptando lo ocurrido como una suerte de jubilación anticipada y forzosa, una especie de pequeña muerte a la que tarde o temprano, a base de sofá y telebasura, piensan, se acostumbrarán. Pero la mayoría, me gusta imaginar, espera tenazmente el regreso de esa vida, desde donde quiera que esté, para subirse de nuevo a ella, y vivirla, en esta oportunidad, con mayor frenesí que antes.
La mitad de la gente que vemos bajo las marquesinas callejeras -yo entre ellos- fingiendo esperar al autobús, esperan en realidad que vuelva a pasar su vida por delante para retomarla de nuevo, aunque sea en marcha.
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No sé si yo, exactamente, he tenido la sensación de haberme apeado accidentalmente del autobús en la parada que no es, pero sí he sentido muy fuertemente el tener que aprender una vida bastante diferente a la que había vivido.
Quizás, ahí radica esa sensación de soledad, tan difícil de sobrellevar durante un tiempo (más o menos largo). Bien sea que te han expulsado de esa vida, bien que un@ mism@ la haya abandonado, ¿por qué esa sensación tan extraña, esa fuerte sensación de soledad, tan desconocida hasta entonces?.
Mi razonamiento es que hemos de aprender a caminar por un nuevo sendero y, además, en la mayoría de las ocasiones, hemos de hacerlo sin una mano que nos acompañe, sentimentalmente hablando.
Yo creo que ahí radica la dureza, esa sensación tan fuerte de abandono y desolación. Queremos caminar y no somos capaces de dar un paso y, cuando lo damos (porque hay que darlo), nos tambaleamos, nos tropezamos, nos cuesta apartar los obstáculos que nos encontramos. Si no tenemos fuerzas, ¿cómo podemos hacer para apartar esas piedras o, incluso, piedrecitas?.
Por eso mismo, intentamos buscar remedios de una manera u otra (familia, amistades, terapias, ansiolíticos, grupos, actividades diversas,..incluso, hay quien piensa que es bueno quitar la mancha de una mora con otra verde).
De una forma u otra, no es fácil aprender a ubicarnos nuevamente, no es fácil encontrar la parada adecuada para tomar el autobús de la vida que deseamos llevar.
Karlos, me ha parecido un interesante artículo.



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